Desde mi punto, desde mi lugar, todo se ve a mi manera, y es lógico.
Cuento con las uñas y me tiro de espaldas al suelo, desde mi ventana le platico al viento despacio, a detalle todo lo que pienso. Como montaña rusa, subo, bajo, me hundo y me levanto mientras le cuento todo, lloro y muero de risa mientras recuerdo. Recuerdo.
Dos años después, se dieron cuenta de que pinto, eso me hizo reír, porque, a pesar de pasar por aquí casi diario, nunca los miró. Eso me hizo pensar que, a pesar de ver diario a algo o a alguien, no conoces todo, porque no te detienes a mirar todo. Sólo vemos lo que el otro quiere mostrar, y de esa parte que muestra, sólo vemos lo que queremos ver… Mírame, no me he ido.
Respiro despacio y vuelvo a respirar, hace mucho que no hay luna, porque las noches ya no me abrazan como antes, mejor dicho, ya no le pongo atención al cielo demasiado, sólo en ciertas ocasiones especiales, o cuando no hay nadie más a quien recurrir. Generalmente es siempre. Vuelvo a reír al pensar que, no creo en el cielo, pero no dejo de pensar en él.
Cierro los ojos y me meto a mi sombra, la que se esconde bajo los párpados, la que ha visto todo lo que yo, la que no olvida, la que sólo ve, no piensa, no habla, no escucha, sólo se dedica a ver. Abro las venas y me pongo con las uñas en el suelo, ahora soy araña. Hago burbujas en el suelo y me muerdo tres dedos después de perderme en el gris.
Hay un lugar escondido, donde no hay cuentas ni sombras, porque no hay ni luz, ahí acaricio mis escasos recuerdos felices, donde me siento tibio y apago la calefacción. Me pongo veneno en los ojos para volar con opio de amor. Sigo sintiendo que el amor me llena, como manguera, sólo soy un conducto, hueco, flexible, sin razón o pensar, sólo recibo el amor que hay en el suelo y lo transmito, soy sólo un conducto, por eso la falta de zapatos.
El piano camina en mi espalda, no me he levantado desde hace un rato ya, sólo me dejo acariciar por la araña sonora, ese dolor que gusta, ese dolor que da placer y ese dolor que te hace volverte a arrancar las costras, ese dolor me gusta, porque recuerdo que el dolor da placer y el placer también duele.
No soy carnal, no vivo de material, soy el monstruo que se alimenta de lo que dejas descuidado, de esos momentos que a ti se te olvidaron. Esos ratos de placer que prefieres por encima de los ratos de felicidad verdadera, de eso me alimento yo, de lo que no es tan importante en un mundo de reglas materiales, porque soy el que come costras, de esas que dejan cicatrices, cicatrices para que recuerdes, cicatrices que borrarás con productos de lo material. Y sigo alimentándome.
El harpa se hace arco, y me clavo las flechas en el pecho, porque cada flecha es sonido, el sonido me calma, me calienta, me hace soñar tranquilo. La fuerza que pones en negarte a escuchar con el corazón, es la fuerza que regresa a la tierra, de donde fluye todo lo que eres, nada se desperdicia.
Prendimos tres velas, la noche, el viento y yo, el corazón llegó tarde y mejor se tiró al suelo, a contarnos otra historia de esas que nos gustan, de esas que terminan tristes para ti, pero que nosotros sabemos, son las más felices, porque Romeo y Julieta no perdieron.
¿Qué son esos cables que me salen de los dedos? Mejor me trepo a la bicicleta y me pongo a dar vueltas en el rio. Sacando copias y copias y copias, mejor hago un libro y lo pierdo, no leeremos lo que ya sabemos, porque sabemos que leer, es aprender lo que otro dice, lo que otro piensa, no lo que uno siente. Sentir es mejor, porque los que podemos sentir, sabemos que hay más de diez sentidos, y sabemos usarlos todos.
Sabemos cuándo mientes y sabemos cómo duermes, sabemos lo que te asusta y desconocemos lo que piensas, porque no piensas lo que piensas, piensas lo que ellos quieren que pienses. No escuches, no abras los ojos, mejor cómete mis platos y tápate con esas alas que escondiste al llegar. Ya vimos todo. Sabemos que no tienes nada más que decir.
El techo se cayó hace años, ¿O fue ayer? Ya se me olvidó, porque no estuve cuando pasó, como me dijeron que fue así, mejor lo pusimos en duda. Porque no soy uno, ni somos varios, soy al que desconectaron para que muriera y aprendió a vivir sin red. Porque el teléfono se descompuso y perdimos la agenda a propósito, porque de basura está lleno el infierno y el cielo, no nos quieren confirmar. Nos reímos de ti, porque crees que no entiendes nada, pero nos reímos de nosotros, porque no queremos decir nada.
Si callados nos vemos mejor, hablaremos para reproducirnos. Si impertinente te hace explotar, callaremos para que te espantes. Si implosivo te da frío, nosotros te calentamos la sopa con las manos y uñas, porque del miedo están acomodados esos libros que queremos leer.
Trifásico y versátil, así dicen que se conecta el cazador con su comida de la noche. Porque de mal gusto es contarnos cómo te comieron, porque nosotros no hablamos mientras vomitamos. Uno come donde duerme y duerme donde respira, pero respiramos donde no comemos, porque eso nos ahoga. Barrita espaciadora y nos botamos a la basura de risas… porque eso si fue tonto.
Estoy riéndome, porque somos uno mismo y no jugamos timbiriche, porque esperamos lo que llegó antier y perdimos el recibo del señor que vendría mañana a recoger las piezas del aparatito que nos conectó con la lava volcánica de la señorita en el caballo que parece vampiro.
Le pongo crema a mi uña infectada, porque crece como si fuera a comerse mi piel. ¿Dónde quedó mi rubia? La escondieron para hacerme enfadar, pero me cansé antes de empezar y la dimos por perdida, porque lo que no vale la pena, mejor lo ponemos en un altar. Arrodíllate y sufre fingido, lacérate y humíllate, porque no existimos, porque no volamos, porque no te necesitamos.
Ese sueño recurrente de sueños que se te olvidan, esa escusa fofa para arrancarte las pestañas y ponértelas en los dientes es nada más un segundero que se acerca a nuestra verdad, porque somos veneno vil y no cantamos para viriles mariposas.
Ya nos tragamos la luz, y la fuerza se la quedó el panadero.
Decían que esas esferas de aceite caliente en la garganta no te iban a servir para el empacho del corazón, porque eso que tienes adentro, que se alborota como tambor, no sólo menea tus tripas, también te da calor, ¿Sabías de dónde vengo? ¿Sabes a dónde voy? Es que a mí me dijeron, pero ya se nos olvidó. Es que el de la nariz de cochino, que huele como a guitarra, nos puso una estampita, y que nos comen las moscas verdes del panteón de allá arriba.
Decían y decían que decir la verdad es bueno, pero nadie nos ha dicho siquiera, donde escondieron la verdad. Nos quieres componer, pero sabemos que somos perfectos, a nuestro modo, somos perfectos, no sabemos quien pidió esos pastelitos verdes pero nos los comimos para poder marchar. Porque si no compones lo que estaba no descompuesto, lo descompondrás para sentir que tu propósito era ayudarnos. Yo sé que no es así, sólo te dejaríamos jugar al mecánico.
Me llené de amor, con mis manos en pegamento transparente para no comernos las uñas pintadas de azul, ese azul que ni siquiera sabemos que nos gusta, porque el cielo, según la ciencia, es rosa fluorescente con tintes de morado golpe. Los botes de mayonesa estacionados en la orilla de allá, sólo tenían quesos viejos y tres cuartos para rentar.
El panquecito se nos acercó, pero no nos habló, porque dice que somos raros, como él, somos raros. Nada más nos dijo ¿Me estás diciendo gordo? Y nosotros sólo pensamos que se veía sexy, muy sexy… le mandamos una mordida en el cachete, pero le dio pena y nos ignoró, le mandé tres mensajes por la electricidad, pero no quiso meter los dedos. Dice que tiene miedo que su mamá venga de nuevo y lo encuentre con mis manos en su masa, sólo nos pusimos de cejas al suelo y levantamos la herradura.
Tres veces me engañó, y dice que hasta fue por placer, yo sé que era una puta, una puta realidad, de esa que sale en las novelas, de esas que te gusta ver, nos tatuamos cuatro brazos, cuando tengamos que limpiar, pero soy sólo un ocaso que pronto se va a acabar, porque de noche no salimos los que en sueños te arrullamos. Acurrúcate en mis manos, para comenzar a soplar entre las piernas de tus manzanas, las que bailaban can-can.
Si seguimos pintando como me gusta, nos multiplicamos para escribir con las uñas entre las rajas de la boca que tenemos de tanto salivar. Un control desapareció, pero la leche sale fea, sabe a cortada, sabe a ayer, como esos besos que le dábamos a el que quiere comprar pantallas voladoras porque su papá nos vino a contar, que ese billete que se guarda, sólo lo hace por chingar.
Nos hipnotizó esa sangre que te salía de las orejas mientras cantábamos como Ella, o Bella o Chela, se me olvidó por eso del verbo conjugado y los martillos de castigo para que te aprendieras a subir el vapor en las mejillas. Troté contra tiempo en mi espalda, pero sólo e encontré las cicatrices de cuando caminaban en mi ojo derecho. El izquierdo lo cerramos y sólo se abre las noches que hablamos con el violín que come carne, por eso me faltan las tripas de atrás. Regresaremos a ser niños, para volver a crecer con dientes de vampiros no voladores y no chupa sangre, porque no somos lo que quieres, porque no somos lo que piensas, sólo somos lo que pudimos comprar en la despensa.
Soy inocente, el inocente rey cuerda, el rey hojas negras y cabello de cianuro, toma un trozo, sé te gustará. La sandía electrónica y la inyección de sirenas en el corazón nos quiso dejar sordos, pero preferimos cantarle a la noche, para matar al que dice que no le da miedo seguir vivo. Decimos lo que pienso y no queremos espantarme con la batería del príncipe de los espejos. Una vez más.
Me vieron sexy, desde la ventana del largo roedor con orejas grises y ojos rojos, dicen que suena a policía cuando grita que le duelen las cortadas que le gusta hacerse de noche, porque mi pared todavía escucha cuando lloramos y el techo, se me olvidaba que se fue con mis maletas, maldito duende que se repite en las células del pantalón, mejor miremos a otro lado.
El títere se viste de mujer y pone lipstick en los ojos de los ciegos para que sientan lo espeso de la realidad que se pierden, porque sin compañero del celda, podemos matarnos de nuevo y nadie se dará cuenta, porque el matrimonio de las hadas sólo era un cuento de la biblia roja que nadie se atreve a nombrar, la que escribo de noche cuando nadie más entra a mi cerradura, sólo mis focos y los trocitos de piel seca que me arrancan las uñas de los demás que viven aquí dentro.
La Venus no se viste porque sigue con los dedos rotos de tanto actuar al asesino serial, pintamos las paredes y ponemos telón en el escaso cielo, los gises monstruosos se ven divertidos, fuman habanos de esos negros que tienen pixeles, el dedo principal, el sexto que no conoces, el que perdiste en la primaria, sirve para rascarte las malas rachas y olvidar lo que no ha pasado.
El peso del delirio a media noche mejor nos pide retirada, si nos alejamos ahora, tal vez no heriremos al volador que se esconde en los brazos del señor del bosque, vestido de blanco y gris, que se monta en caballos de arena y monstruos de luz, disfrazados de salvadores, ellos nos dijeron en secreto que no digamos lo que nos dijeron, entonces, decimos sólo muchas cosas que son verdad, pero que no pueden entender los que no han dormido con nuestros brazos en sus talones.
No entendieron y mejor se pusieron maquillaje para complicar la canción, nos abrimos la garganta con una flauta y cantamos con los pulmones, porque ese corazón transparente, se puso los ojos del señor, nosotros cerramos los dedos para parar la hemorragia cerebral, las rayas de la espalda del elefante nos asombran todavía cuando susurran vapor, nos escondemos bajo las sábanas de la señorita excéntrica y el vestido plateado nos hizo apagar lo clasificados deformes mutantosos que olvidaré cuando cierren el interruptor del alma de la oscuridad babilónica.
El pensamiento en simulacro nos puso de cabeza en el barandal, desangramos los músculos del vidrio y el destino se hizo definitivo cuando lo quisimos cambiar, porque dicen que puedes cambiarlo, pero es calamidad, mejor decimos que el ácido nos asesinó por hoy, y mentiremos cuando cantemos; mañana olvidaré.
Yagrel | Entus erytus Psychodelychus…
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